Argelia garantiza el gas a España, si no renueva el contrato con Marruecos

Gaseoducto. | Archivo

Redacción Argel (DZA) |  Argelia ha inaugurado un nuevo gasoducto en Beni Saf (Medgaz) capaz de suplir el fin del contrato Magreb-Europa, así como el aumento del GNL argelino. Así Argelia decide no renovar el contrato con Marruecos se encontraría en grandes dificultades, ya que tendría que comprar casi la mitad de su consumo de gas en un mercado de gas indexado en el Brent, en continua subida, y sin el apoyo de España, que ya tiene asegurada la recuperación de sus acciones sin el Magreb-Europa (GME).

Ante la búsqueda de nuevos socios que reduzcan la dependencia del gas ruso, Argelia se ha consolidado como un suministrador estratégico para la Unión Europea en materia de seguridad energética. El país africano, noveno exportador mundial de gas, ha fraguado considerable relación de interdependencia a ambas orillas del Mediterráneo y ha revalorizado la importancia geoestratégica de este país para el conjunto de la Unión Europea.

La Unión Europea importa el 53% de la energía que consume, una cifra que asciende al 90% si nos referimos exclusivamente crudo y al 66% en el caso del gas natural. En esta manifiesta dependencia energética del exterior, la gran potencia de la vieja URSS sobresale como el principal suministrador, con un 31% de las importaciones europeas de petróleo y con casi el 40% de gas natural. En algunos países miembros, como en los bálticos, la dependencia ha sido tradicionalmente total. Por su parte, el país, que en extensión, es el más grande del continente africano y que sostiene una fuerte relación con los rusos desde el pasado siglo, confía el 30% de su PIB a las exportaciones de gas y petróleo, una cifra que considera la imperiosa necesidad de estar a la vanguardia de las diversificaciones en este amplio sector. De este modo, coloca a la UE como principal referente socio-económico, en aras de reforzar acuerdos geoestratégicos y de expandir así su mercado de energía.

La UE, en medio de la ambición geoestratégica de dos grandes potencias, no quiere nuevas infraestructuras gasistas innecesarias de EEUU, pero tampoco quiere tener una dependencia excesiva de Rusia, que la debilita y expone a tensiones políticas y comerciales. Entre tanto, Marruecos, con sus actos hostiles contra Argelia, mantiene una soterrada disputa sobre el futuro del gasoducto del Magreb (GME), una de las principales vías de suministro de gas a España, ya que la posible ampliación de capacidad de la otra vía, la argelina de Medgaz, podría comprometer a la primera. El próximo mes de octubre vencerá el acuerdo que permite el tránsito de este hidrocarburo por Marruecos.

Dentro de este juego, Enagás, empresa semipública participada por la SEPI, aterrizó en septiembre de 2018 en Marruecos junto con Elecnor y Fomento para formar un consorcio asesorado por el ex Ministro de Exteriores Miguel Angel Moratinos en su nuevo papel de lobista, para desarrollar un proyecto de ingeniería y una planta de tratamiento de gas para la británica Sound Energy. Este nuevo gasoducto tenia el objetivo de conectar el pozo británico con el tubo del Magreb-Europa (GME).

Conexión Rusia-Argelia

Sonatrach, por su lado ya ha comenzado su uso de su nuevo gasoducto que podría desviar flujo del GME hacia el Medgaz, lo que supone una amenaza en la reducción del tránsito de gas por la vía marroquí, demostrando así que la compañía argelina tiene interés en aumentar la capacidad de Medgaz. Subyaciendo el interés de convertir a España en un hub de gas en el sureste de Europa, que sirva como alternativa a la dependencia de las rutas rusas, Cepsa (que vende parte de su participación en Medgaz) no quiere realizar inversiones hasta asegurarse que se desbloquea el gasoducto Midcat que conecta España con Francia, y que sería el tubo de tránsito hacia centro Europa.

El diario digital argelino Algeriepatriotique obtuvo acceso a una «nota informativa» secreta, cuyo contenido indica claramente que la expansión en la industria energética y solidez ruso-argelina perturba a altos mandos y cargos de Marruecos, país aliado de Francia. En este contexto, no debemos olvidar la posición de Gazprom en Argelia, a sus futuros de gas, sus exploraciones y derechos consiguientes, todo lo cual le proporciona una posición ventajosa en el mercado mundial. Sin olvidar las recompras del gas no vendido por Argelia en determinadas épocas del año y su envío por otros actores a terceros países.

Europa debe actuar

Sin almacenamiento suficiente y con el suministro a través de gasoductos limitados, Europa debe suplir esta carencia a través de otras fuentes, como el gas licuado embarcado que llega desde Estados Unidos o África a las más de 20 regasificadoras existentes en la Unión. El problema es que este es un nicho mucho más caro e inseguro, puesto que se pueden llegar a cerrar contratos al mejor postor durante la travesía del gasero por el Atlántico o el Mediterráneo.

La primera consecuencia para España no será otra que el aumento del precio de la energía en el medio plazo. A medida que la oferta se reduzca y el almacenamiento del gas comience a escasear en la Unión Europea, los precios de este combustible se incrementarán exponencialmente. Los precios indexados a este valor, como el de la electricidad, sufrirán un nuevo aumento que afectará directamente a la factura de la luz. La propia ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, aplicó correctamente la regla de tres que demuestra la interdependencia entre mercado eléctrico y precios del gas: “por cada euro que sube el precio del gas en los mercados internacionales, sube dos euros la electricidad en el mercado mayorista”.

Obviamente, junto a la electricidad, el gas natural que se consume en España también podría ser perjudicado por la decisión rusa. Estados Unidos se ha convertido en uno de los principales suministradores de GNL a España en los últimos años. Las reservas de gas en este país también están bajo mínimos. Junto a España, Corea del Sur, China, Japón, Brasil, Francia o Portugal son grandes compradores de gas americano y, en un mercado tan competitivo e inestable, el suministro podría derivarse a aquellos mercados más necesitados o bien que, simplemente, paguen más.

En cualquier caso, la situación es mucho más preocupante en el resto de Europa, más condicionada a los designios de Vladimir Putin que parece querer despedirse de la Europa de Angela Merkel de la manera más fría posible.