Los bonistas inyectan 160 millones en Naviera Armas

Ferry de Naviera de Armas. | Archivo

Redacción Madrid | Según informan Cinco Días/El País, los bonistas, los bancos y la empresa han firmado un acuerdo para salvar al principal operador naviero entre la Península y las islas Canarias con una inyección de 160 millones. A cambio, consiguen la mayoría de los derechos económicos de la empresa e imponer un CRO que tutele el proceso de ­reestructuración de la compañía. Será la consultora Alvarez & Marsal.

Antes de seguir ¿Qué es un CRO?

El CRO (Chief Restructuring Officer), el papel de esta figura directiva se popularizó durante la crisis de los 90 y dio el salto a Europa. Pero el CRO tomó el mando de algunas empresas españolas a partir del 2008, cuando comenzó la crisis actual y muchas compañías se plantearon la posibilidad de reestructurar su negocio, sus plantillas o su deuda financiera.  “Le llaman el killer y es el que viene de Estados Unidos o Europa a recortar gastos” definición de Pedro Arizmendi. Por lo general, es Una persona se instala en la empresa que quiere hacer la reestructuración. Éstas prefieren que sea alguien de fuera, un directivo muy experimentado en este tipo de situaciones. Será el malo de la película y acabará muy quemado, por eso no le interesa a la empresa que sea uno de sus directivos”. Esta es una de las razones por las que este puesto no está implantado en las empresas.

El CRO es un ejecutivo ajeno a la empresa, nombrado por el Consejo y/o la Dirección General a instancias de los acreedores, para desempeñar, durante un plazo de tiempo determinado, ciertas funciones de asesoramiento y control en el marco de una situación de crisis. El CRO es nombrado (y remunerado) por la compañía, aunque su nombramiento suele obedecer a un mandato de los acreedores como parte de un acuerdo de reestructuración financiera. Por tanto, existe una obligación clara del CRO de velar por el cumplimiento de dicho acuerdo de reestructuración y de salvaguardar los intereses de los acreedores, aunque siempre y simultáneamente velando por el bien de la compañía.

Inyección de líquidez

La compañía ha acordado con sus bonistas inyectar 160 millones. De ellos, 28 millones ya llegaron en diciembre y 60 millones sirven para devolver un préstamo que obtuvo de los fondos HPS y Apollo el otoño pasado. El resto llega en forma de liquidez para la compañía. La empresa pagará un interés del euríbor más 250 puntos básicos, que abonará en efectivo, y otros 750 puntos básicos que supondrán más deuda (el denominado pago en especie o PIK). Esta liquidez vence en julio y está asegurada por una posible venta de varios buques.

Es un préstamo puente, que será sustituido por otro contrato de financiación a largo plazo una vez haya expirado. Los nuevos vencimientos oscilan entre 2025 y 2027. Además, Santander, CaixaBank y Sabadell participarán en la refinaciación con working capital por unos 70 millones.

Los bonistas capitalizan 245 millones de su deuda, que pasa de 610 millones a 366 millones. A cambio, obtienen la mayoría de los derechos económicos de la firma (el 65%), mientras que la familia Armas retendrá la mayoría de los derechos políticos. En concreto, se quedan con el 51% de los votos.

Los bonistas quieren asegurarse de que se cumplen dos asuntos. El primero son las limitaciones al endeudamiento y los compromisos financieros para alcanzar un ebitda cercano a los 100 millones. El otro punto es avanzar en la digestión de Trasmediterránea, que compró a Acciona en 2018 por 400 millones. Los bonistas, asesorados por Houlihan Lokey, consideran que esta operación ha generado un sobreapalancamiento en la compañía. (En roman paladino, que se ha sobreendeudado por la compra de Transmediterrénea).